Durante mucho tiempo el pueblo de Israel estuvo oprimido por los filisteos (y otros pueblos). En su historia, Dios levantó hombres (y mujeres) valientes para liberar al pueblo de la opresión. Uno de ellos fue Sansón, a quien Dios quiso que se separara para El desde su nacimiento y a quien le dio dones, entre los cuales una fuerza física extraordinaria. Podemos comparar la opresión sufrida por los israelitas con nuestro diario vivir: las luchas, problemas, momentos difíciles. Los filisteos representan al enemigo, quien pone la mirada en aquellos que se esfuerzan día a día por agradar a Dios. El enemigo nos persigue para hacernos caer, se molesta cuando progresamos, crea incredulidad, ataca, pone duda, desánimo, pereza. Para poderle hacer frente necesitamos llenarnos de la Palabra de Dios, crecer en fe, dedicar tiempo a orar y establecer una estrecha relación con Dios. Para impedir que alcancemos la vida eterna, el enemigo de las almas (el diablo) querrá seducirnos con deseos carnales, falsedades, alegrías pasajeras representadas por Dalila, de quien Sansón se enamoró hasta perder, literalmente, sus ojos. El enemigo desea que le entreguemos los dones que han sido depositados en nosotros, nuestras habilidades para atarnos con las debilidades, hacernos caer, perder la visión espiritual y el anhelo de agradar a Dios.
Conozcamos las estrategias del enemigo para hacerle frente. Dios nos ha dado dones, talentos y nos llama a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo. Mantengamos diariamente una comunicación con Dios por medio de la oración y la lectura de su palabra, que es vida.
Dios te bendiga.
Sunday, June 16, 2019
Tuesday, January 15, 2019
Pasemos al otro lado
Hago referencia al momento en el cual Jesús les dijo a sus discípulos que pasaran al otro lado estando ellos en la barca. Obedeciendo ellos a su Maestro se dirigieron al otro lado. Mientras Jesús dormía en la parte posterior de la barca se levantó una gran tormenta, la cual permitió que el viento y las olas azotaran la barca de tal modo que casi se hundían (Marcos 4.35-41).
A través de esta historia quiero compartir la inquietud del llamado que nos hace Dios a pasar a otro lado, a un nivel espiritual más alto, a que no nos quedemos estancados, sino que crezcamos. Podemos crecer espiritualmente cuando desarrollamos y alimentamos nuestro espíritu mediante el estudio, la lectura de la palabra de Dios; se da cuando mantenemos y ejercitamos una relación con nuestro Señor; cuando nos congregamos y escuchamos su palabra. El crecimiento espiritual depende de nosotros, es algo individual. Lo vemos cuando nos armamos de valor y dejamos a un lado todo aquello que no le agrada a Dios; se da cuando somos obedientes. Les exhorto a pasar al lado de la fe, de la obediencia, de la acción mediante las buenas obras.
En nuestro caminar diario vamos a encontrar un sinnúmero de situaciones difíciles. Las situaciones difíciles, los retos, las luchas no se hacen esperar y la tempestad azotará nuestra barca (vida) como azotaba la barca donde se encontraban los discípulos con Jesús. Pero si de algo estoy segura (pues lo he experimentado) es mejor pasar la tempestad con Cristo que sin el. No importa el momento que estemos pasando, Dios está con nosotros.
Los discípulos fueron a donde Jesús, así como nosotros debemos ir a el en los momentos difíciles de nuestras vidas. El conoce nuestras necesidades, pero espera que nosotros nos acerquemos a él, que confiemos en él. Nuestra confianza debe estar puesta siempre en Dios. Cuando llegue la inseguridad, la duda, el miedo, la pereza o la desconfianza no tratemos de echarles con nuestras fuerzas, sino busquemos al Maestro.
Permanezcamos en la barca que es Cristo, en su palabra. Pasemos al otro lado, accionemos, crezcamos. Descansemos y confiemos en él. Acerquémonos a Cristo y sobre todo que nuestra fe este puesta y fortalecida en él.
A través de esta historia quiero compartir la inquietud del llamado que nos hace Dios a pasar a otro lado, a un nivel espiritual más alto, a que no nos quedemos estancados, sino que crezcamos. Podemos crecer espiritualmente cuando desarrollamos y alimentamos nuestro espíritu mediante el estudio, la lectura de la palabra de Dios; se da cuando mantenemos y ejercitamos una relación con nuestro Señor; cuando nos congregamos y escuchamos su palabra. El crecimiento espiritual depende de nosotros, es algo individual. Lo vemos cuando nos armamos de valor y dejamos a un lado todo aquello que no le agrada a Dios; se da cuando somos obedientes. Les exhorto a pasar al lado de la fe, de la obediencia, de la acción mediante las buenas obras.
En nuestro caminar diario vamos a encontrar un sinnúmero de situaciones difíciles. Las situaciones difíciles, los retos, las luchas no se hacen esperar y la tempestad azotará nuestra barca (vida) como azotaba la barca donde se encontraban los discípulos con Jesús. Pero si de algo estoy segura (pues lo he experimentado) es mejor pasar la tempestad con Cristo que sin el. No importa el momento que estemos pasando, Dios está con nosotros.
Los discípulos fueron a donde Jesús, así como nosotros debemos ir a el en los momentos difíciles de nuestras vidas. El conoce nuestras necesidades, pero espera que nosotros nos acerquemos a él, que confiemos en él. Nuestra confianza debe estar puesta siempre en Dios. Cuando llegue la inseguridad, la duda, el miedo, la pereza o la desconfianza no tratemos de echarles con nuestras fuerzas, sino busquemos al Maestro.
Permanezcamos en la barca que es Cristo, en su palabra. Pasemos al otro lado, accionemos, crezcamos. Descansemos y confiemos en él. Acerquémonos a Cristo y sobre todo que nuestra fe este puesta y fortalecida en él.
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