Levántate y anda
En una ocasión Pedro y Juan (Hechos 3) subían juntos
a orar al templo conocido como La Hermosa. Había allí sentado junto a la puerta
un hombre cojo que pedía limosnas. Así como Juan y Pedro, los cristianos
debemos permanecer y caminar juntos, unidos en el llamado que nos ha hecho
Cristo para evangelizar. También la Iglesia de Cristo debe caminar y subir al
templo para comunicarse con Dios. Debemos unirnos en un mismo propósito: orar.
Como los que iban a la iglesia eran persona creyentes de la ley, el cojo se
sentó allí para recibir ayuda de quienes clamaban ante Dios. Pedro y Juan no
tenían dinero para darle, sin embargo, Pedro, viendo la necesidad de aquel
hombre y recordando las palabras de su Maestro Jesús “al que te pida, dale”,
miró al cojo y le dijo “no tengo plata, ni oro, pero lo que tengo te doy; en el
nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. Pedro y Juan, como
verdaderos cristianos, se estaban encargando de imitar a Cristo, el mejor
ejemplo a seguir. Quizás, al igual que Juan y Pedro, no tengamos dinero para
dar o no contamos con los recursos económicos para ayudar, sin embargo, una
palabra de motivación, de ánimo, de fe puede salvar a alguien. Aquella tarde
aquel cojo recibió la sanidad y se llenó de fe y la salvación entró en su vida.
Vemos que la presencia de Dios en nuestras vidas es mucho más importante que
los bienes materiales, nos bendice, nos trae sanidad, poder y sobretodo la
salvación que nos lleva a la vida eterna. Pedro y Juan accionaron ante la
necesidad, no solamente dijeron la palabra, sino que también le extendieron sus
manos al cojo para levantarle. Hoy esta palabra extiende sus brazos para
levantarse, para animarte y que tomes la decisión de seguir a Cristo. En su
nombre serás sano, bendecido y salvo.
Echa fuera la pereza
El rey Salomón, hombre dotado de gran sabiduría dada por Dios
dijo en Proverbios 10.5 “El que recoge en
el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es
hijo que avergüenza.” Esto es
una excelente ilustración para resaltar a la persona trabajadora y señalar al
perezoso. Quien trabaja es considerado entendido, inteligente, sabio, mas quien
no lo hace es ejemplo de pereza, vagancia, insensatez. La persona perezosa es
considerada una vergüenza para la familia y a su vez para la sociedad
israelita. Espiritualmente, Dios es nuestro Padre y nosotros sus hijos. Ahora
bien, ¿crees que ante los ojos de Dios alguien perezoso y vago será una honra o
una vergüenza? Claramente sabemos la respuesta. El perezoso habiendo trabajo no
lo hace. Dios se avergüenza de quienes no trabajan, de aquellos que descansan y
duermen. En la viña del Señor hay suficiente trabajo para todos. Tristemente,
muchos duermen y descansan en vez de trabajar. Es tiempo de trabajar, de ayudar
al prójimo, de levantar al caído, de aconsejar y alentar al débil, de orar y
ayunar, de predicar el evangelio de Jesucristo. Hay tantas cosas por hacer.
Seguramente algún vecino, miembro de tu comunidad, familiar, hermano/a en la
fe, en la iglesia, en una entidad cívica, entre otros. Te exhorto y te animo a
que te integres a trabajar, serás sabio y entendido.
Clama a mí y yo te responderé… (Jeremías 33.3).
Palabras de Dios al profeta
Jeremías cuando se encontraba preso. En los momentos en que nos encontramos en
pruebas, en situaciones adversas (como el profeta Jeremías), Dios tiene una
palabra de bendición para nosotros. En su Palabra Él ha plasmado un sinnúmero
de promesas. Aquí Dios promete a Jeremías (y también a nosotros) que nos
enseñará cosas grandes, inimaginables y ocultas que no conocemos. A cambio de
ver las grandes bendiciones que Dios quiere brindarnos, debemos primero clamar
a Dios, pedir, suplicar con fe. El clamor moverá a Dios a escucharnos, a
mostrarnos el camino que tiene trazado para nosotros. El nos responderá y
accionará a favor de lo que le pedimos. Las pruebas son para hacernos crecer,
para fortalecernos y enseñarnos. Seamos sabios y cuando enfrentemos
dificultades volvámonos a Él.
Reflexión del mensaje de la Hna. Miriam Bourdon
21/mayo/2018
Servidores
A través del tiempo y de las constantes reflexiones he
aprendido que para servir a Dios no hay excusas. Son tantas las bendiciones que
a diario recibimos de Dios, que nos quedamos cortos para agradecer por ellas.
Sin embargo, cuando se está agradecido se demuestra con acciones y palabras. Hay muchas formas para agradecer
a Dios, ¿cómo lo estás haciendo tú?
En Mateo 8.14-15 se relata el momento en el cual Jesús visitó
la casa de Pedro y vio que la suegra de
su discípulo estaba postrada en cama con fiebre. Jesús hizo la sanidad en la
suegra de Pedro y una vez que la recibió, ella se levantó y comenzó a
servirles. El agradecimiento de ella por la sanidad lo puso en acción
sirviéndoles. El agradecimiento nace del corazón y se demuestra con las buenas
obras. Seamos personas agradecidas; seamos servidores de Dios. Tengamos
presente que para servir a Dios (y agradarle), debemos comenzar a hacerlo con
nuestro prójimo.
El gran día del Señor (2 Pedro 3.9, 17)
Dios ha prometido regresar a buscar a su pueblo. Estos son aquellos que han creído y confiado en el. Tristemente, pero biblico, muchas personas tienen por tardanza su venida, el cumplimiento de esa promesa. Ciertamente Jesucristo vendrá como ladrón en la noche, cuando nadie se lo espera. Sera asi para que su justicia se vea cumplida, quienes estén preparados irán con él a celebrar en las bodas del Cordero. Aquellos que se han mantenido fieles, quienes han sido pacientes (sabiendo esperar su promesa). Más bien, si ese día aún no ha llegado es porque Jesucristo desea que todos sean salvos, que ninguno se pierda, sino que se arrepientan de sus pecados y de sus malos caminos. Considero que todos queremos ir al cielo, por lo que ante la espera de ese gran dia debemos guardarnos para Dios, honrarle con nuestras acciones. Por tanto, es importante que nos mantengamos firmes y evitemos caer cometiendo algún error. Estemos apercibidos, preparados. Seamos conocidos como gente honorable.
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