Dios nos predestinó, nos separó para que seamos
salvos. Él nos conoce desde antes de nacer y su propósito para con toda la
humanidad es salvarla. Su amor es tan grande que entregó a su unigénito hijo
para que por medio de su sacrificio en la cruz seamos salvos (Juan3.16). El envió
a su hijo al mundo para que seamos salvos, para que sea nuestro mayor ejemplo aquí
en la tierra. Nosotros, quienes confesamos ser cristianos y creer en él,
debemos valorar ese sacrificio y dejar que sea Jesucristo nuestro modelo a
seguir. La salvación es para nosotros, necesitamos cultivarla por medio de
nuestra relación con él. Prestemos atención a lo que él quiere decirnos a
través de su palabra. Confesemos a Cristo como nuestro único y exclusivo
Salvador. Él ha prometido estar con aquellos que le aman y hacen su voluntad.
Romanos 8:29 “Porque
a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos
conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos
hermanos.”
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